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24 julio, 2014

Ensayo sobre el olvido de uno mismo.

 

A esa mujer le ponen el cuerno. Seguro. Yo, de ser su marido, al primer desplante de este tipo creo que saldría de casa corriendo, me subiría a mi coche casi sin gasolina y huiría a estar en los brazos de otra, una de menos clase, tal vez, pero más amorosa, más paciente. En realidad no estoy seguro de que lo haría, pero seguramente ya me hubiera pasado ochocientas veces por la mente (u ochocientas una).

Pero algo es seguro, cabe insistir; a esa mujer le ponen el cuerno.

Es rubia y delgada, sí, pero es rubia de caja, y delgada o no ya tiene la piel amarga. Por eso trata de disfrazarlo con su bolsa de marca comprada por el “mal marido”. Por eso también su porte de urgencia; seguramente el coche está en el taller debido al rayón que le dio el vil esposo tratando de huir de ella con el pretexto de ir a comprar leche o comida para los perros. La pobre tiene el pelo hasta encrispado del sudor que le causa el estrés de coger el metro, de convivir con la multitud (misma que se le cruza en el camino y no puede espantar hoy con el sonido del claxon). Suda de estrés por ser una más, una con ganas de más pero con menos; una con cuernos.

Ni modo. Así es la vida. Un baño de pueblo en el metro le hace pensar que está viviendo la peor tarde de su vida mientras a su hija pequeña le hacen bullying en la escuela y piensa en contárselo a papá porque mamá siempre está de mal humor y sin tiempo. La rubia de la bolsa bonita tiene el peor día desde Atocha a Plaza de Castilla, recorrido eterno. Hoy no hay Paseo de la Castellana en quince minutos, no hay comida para los perros ni comida lista en la cocina. Hoy hay un reporte de escuela (la hija por fin respondió las agresiones), hay desesperación por el cúmulo de gente y hay un marido que llega tarde porque “tiene una reunión”.

Sólo por eso (y cosas más que ni sabemos) hay que disculparle su humor cuando se cruce en nuestro camino o pasemos por el de ella y nos quiera tratar de ineptos. Recordemos que podemos sacarle el dedo cuando ya no está viendo y, sobre todo, recordemos que le ponen el cuerno.

 

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