Convidante.*

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Jota Jota está algo inquieto. Hoy tiene invitados y le queda poco tiempo para terminar la cena pero nada de eso es lo que lo tiene agitado. Jota Jota está tenso porque el diseño de su nueva cocina (en su nuevo departamento) lo altera. Desde hace unos minutos se ha dado cuenta de que en la posición en la que se encuentra, de frente a la estufa y la parte más larga de la barra, su campo visual abarca solamente la pared que tiene enfrente. Y eso lo pone un poco insensato.

La isla que todavía no ha usado, pieza central de este nuevo espacio, está detrás de él, y el enorme hueco en el muro que comunica su cocina con la sala y comedor lo hace sentir incómodo cuando la noche ha empezado y no hay luces encendidas del otro lado. Áreas donde debería llenarse de energía las siente como un hoyo negro cuando las tiene contra su dorso ciego.

Las luces encendidas son sólo de la cocina, y el único sonido que le acompaña es el fuego de las hornillas, el que emana de una olla, y el de las burbujas de lo que sea que esté hirviendo. El eco de un tenedor batiendo claras en el tazón plateado ha quedado en su mente como el sonido estresante de un reloj.

Pero ni toda esa orquesta culinaria le ha hecho olvidar el vacío que hay entre su espalda y el fin de la casa. El frío silencio que hay del otro lado de estas paredes pesa. Siempre que la obscuridad lo rodea siente que alguien lo observa, y aquí no sabe si es tras la negrura de las ventanas o si es la noche dentro de su sala, pero le observa. Su piel dilatada y sus ojos secos han sido testigos de cómo su atención se ha enfocado a todo lo que no puede ver; la sal se ha puesto dos veces en uno de los guisados y ha pasado desapercibida en el recipiente hirviente, el azúcar se agregó de más en el postre y el agua del risotto se ha consumido a fuego lento por lo que éste se ha empezado a secar. El estrés causado por este ente inventado en la obscuridad también observa cómo el vino sigue cerrado y no se ha dejado respirar, y no dijo nada, pero la mantequilla ya estaba quemada antes de empezar a cocinar. Jota Jota no tuvo mente para reparar en todo eso, sólo quiere terminar y estar sentado en el salón con las luces prendidas.

No supo ni organizar las actividades pre anfitrión; tomó una ducha y se arregló para después preparar la cena, cosa que, pensando mejor, debió hacer antes de cambiarse; estaría fresco, esperando a los amigos, incluso hasta bebiendo ya una copa de vino que no se ha abierto aún. Y acordándose del vino se torna hacia la isla, coge un quita corchos y destapa una botella de las que ya tiene afuera no sin antes echar un vistazo a “la boca del lobo” que se abre entre el área social y sus pupilas, pensando nuevamente en esos ojos que lo observan pero ahora del otro lado, desde la estufa, donde la comida suena. Da la vuelta y esa mirada juega a las escondidas mientras él sigue moviendo la comida, probando sin gustar, agregando ingredientes pensando que la gente está ya por llegar, que la gente ya debería de llegar, que ojalá la gente ya estuviera aquí y acabara con su soledad cada que las luces no están.

Ojalá sonara ya la puerta y estuviera lista la sopa, los dos cortes, y ojalá ese postre hubiera estado metido en la nevera porque así nunca va a cuajar.

Tararea una canción como para ignorar su pesadilla, se quita el delantal, lava unos trastes y después sus manos para volver la cara al vino y regresar la mirada a la sala. Con las hornillas apagadas ya no hay más ruido que el que él haga. Su compañía es el olor de la cocina y el pensar que, aún sin tanta hambre, la cena no ha quedado tan mal.

Armado de valor prende una luz y enciende la música, ambienta un poco la casa pero la soledad no se va. Huele a anfitrión pero también a desazón.

Una última ida al vestidor; un rocío de su loción, una última mirada al espejo, y por fin el timbre se hace sonar. Jota Jota sale y camina aliviado a la puerta como si con el primer invitado desapareciera la mirada intrusa que lo asecha. Y ahora sí se pone a pensar en que espera que a todos les guste la comida, ojalá no esté muy seco el risotto, y habrá que abrir otra botella y meter los panes listos al horno.

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* (El post de la semana en “las domingueras“.) Tema: Sazón.

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