Amor mío.

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¿De cuántas locuras te arrepientes? ¿Crees que son más las locuras que nos hacen sonreír en lugar de arrepentirnos? Yo digo que sí.

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Te veo y me parece increíble. Hoy te quedas conmigo. Hoy te quiero aquí y ahora aunque parezca que estás allá y decidas volar mañana. Las oportunidades pasadas son cosas del ayer, las nuevas a las que me abrazo y los logros a los que me aferro son de hoy, de hoy para adelante y, posiblemente, con la vida de mi lado, para siempre.

Porque aunque suene a paranoia, sé que es ahora o nunca, y nunca no está en las palabras que habitan mi mente en estos momentos.

Por eso voy a realizar esta locura, y en ella necesitamos todo dar. Te invito a quedarte, a no partir, a seguir aquí conmigo, a cambiarle el curso a la vida nada más porque sí, porque quieres, porque quiero, porque te quieres quedar aquí aunque tuvieras otros proyectos, porque es mejor quedarnos aquí aunque hasta ayer hubiera más planes.

Amanece conmigo. Amanece aquí. Bajo esta luz, entre estas sábanas, amanece con mis ojos viéndote, o con mis yemas acariciando tu cara. Aprenderé a hacerte el café aunque yo no lo acostumbre. De desayuno, a mí me basta una mirada tuya y la sonrisa que seguro tienes en las mañanas con una rebanada de pan integral. Prometo recibirte al llegar del trabajo con un beso, o igual dártelo yo cuando regrese apenas al entrar. Ya de lo demás Dios dirá. Si quieres tu espacio te doy todo el mío, pero mientras tanto vamos a tratar.

Ojalá escucharas mis pensamientos. Con tan poco tiempo para convencerte, sólo espero a que abras los ojos para decirte todo lo que quiero y hacerte ver todo lo que puedo dar.

Llevo aquí minutos viéndote desde los pies de la cama. No paro de sonreír aunque tú aún no has abierto los ojos. La luz entra detrás mío por la ventana y te ilumina sólo a ti. Me tienes a tus pies como me tiene la cama. Quiero que veas cómo, de la nada, tus palabras serán mis dogmas y tus deseos mi más grande afán.

Si tan sólo despertaras ya.

Quiero que fijes tus ojos en mí. Y si me dices que sí, suelto esas cuerdas que te tienen atada de pies y muñecas a la cama. Te dejo ir. Mira que tampoco me gusta tanto verte así. Podrás salir del cuarto, incluso hasta de la casa, eso y más en cuanto decidas que te vas a quedar.

Anda, dime que sí.

 

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