El autor que no escribía de eso.*

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Anna escribió la fecha en la primera página de su nuevo libro (costumbre que heredó de su padre), y en un arranque de locura para una asidua lectora, decidió hojearlo y enterarse de lo que sus ojos leerían después con cordura y contexto. Curioso que las primeras palabras que leyó sentada en el bus que va de la plaza cerca de casa a la escuela fueran las que encontró:

>> Escribo la fecha y me parece lejana, como si estuviera en el pasado, contigo, y el día de hoy escrito sobre el papel fuera una historia de ciencia ficción, un futuro imposible de tocar, fácil a imaginar pero difícil de creer.

No podía ser lo primero en leer –pensó. Pero sólo tenía el prólogo para ir más atrás y la historia entera para después.

Incrédula, avanzó a la mitad del libro. Quería leer palabras sueltas para sentir que sus pensamientos podían al fin tener un rato de silencio. Llevaba días tratando de callar su infinito caos mental y la salida más fácil era perderse con este autor de historias largas, cuentos fríos, y que no escribía de amor (al menos no que ella supiera).

>> Creo que te quise. O tal vez no, no te quise. Creo que fuiste una fantasía. La enorme fantasía de que me dejaras quererte. Creo que a esta edad, y en esta época, me hubiera encantado no haber conocido gente, no haber conocido sabores, no haber tocado otras pieles, no haber sentido otras miradas con la simple recompensa de que el día que te vi, hubieras podido estar más tiempo conociéndome, haciéndome conocerte sin querer, haciéndote conocerme con todas mis ganas.

Cerró el libro de un golpe, escéptica pero usando el dedo de marcapágina. Era mejor ver hacia afuera aunque el sol lacerante le cerrara los ojos. Era mejor eso que leer una especie de revival de algo que nunca sucedió pero hubiera deseado con todas sus fuerzas oír. Una mezcla de sus lágrimas apretándose entre sus muelas y de sus poros dilatándose con el calor le invitó a seguir. Y siguió.

>> Cada detalle, cada mensaje, cada cosa efímera que hay entre los dos me sigue doliendo, porque nunca me atreví a decirte lo que quería, y cuando lo iba a hacer ya querías a alguien más que a nadie, ya querías a alguien con las ganas con las que unos ojos ven a alguien por primera vez como la primera vez en que los míos te veían. Entonces te juro que no estaba jugando, mis ojos querían que te quedaras conmigo, a mi lado, sin hacer nada siquiera, a un costado. Y acabé de lo peor, con un error, un error largo, y tú, tú convirtiéndote en algo cada vez más que lejano.

>>  Por su culpa, por mi culpa. Por mi culpa más, tal vez. Pero ¡cómo te pude querer! ¡Cómo te pude querer!

Ana se dio cuenta de que había dejado pasar dos paradas más de las que debía. Guardó el libro en la mochila con la certeza de querer comerse el libro de principio a fin al llegar a casa. Se bajó del bus tres paradas más tarde pero con la certeza de que no era la única que soñaba con alivios para el corazón. Pronto llegaría el suyo. El sol que le iluminaba la cara en la esquina antes de la escuela se lo había confirmado hacía un segundo.

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* (El post de la semana en “las domingueras“.) Tema: Un libro.

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