I was made for loving you (baby).

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El ñoño de clase enamorado de la rubia alta. Cada tercer día lo veo, o bueno, lo medio veo. Evito hacerlo porque me da lástima, me da “penita” como dice una amiga. Una compañera dice que le causa “ternura” pero sé que en realidad también es grima.

Él, es un rocker wannabe. En realidad, solamente un tipo joven, bajo, y de pelo largo (negro, liso, y bien peinado), un tipo al que su mamá probablemente aún le lava los calcetines y cambia las sábanas, un chico bueno con ganas de tatuajes y rastas cambiados por champú con acondicionador y huecos en la ropa que se desgasta.

Ella, es una tipa normal, no es ninguna cara guapa. Pero es rubia, es alta, delgada, y tiene un cabello de los que atrapan. Fotogénica. Personalidad tiene, pero es más seriedad que alma. Ella va con cara de buena, con su arreglo “descuidado“, y su acento extranjero como bandera de ingenuidad muy bien usado. Sabe sacar provecho de todo; explota desde su belleza hasta su “inocencia“, pero sobre todo su amistad con él.

Eso es precisamente lo que se ve aunque no se quiera, inclusive de reojo. Es como si oliera. Y por eso él da esa penita, aunque cada cabeza decide si le da grima su buena educación (su bondad), o la saliva a punto de escapársele de los labios (su pendejez).

Ella se encarga de tenerlo siempre al lado para respuestas, trucos, tips, y el mejor aprovechamiento de la escuela, pero se ve que jamás lo invita a ningún lado que no sea un café después de las prácticas fuera. Y él se encarga de lo demás; de ilusionarse, de darse esperanza, de crear imágenes para sus pajas en cama (la que mamá le cambia cada mañana). El conocimiento es su fuerte y no le cuesta compartirlo, mucho menos con la rubia de clase; su “amiga” de tareas, su nueva “compañera”. Al precio de una tarde de repaso casi palpa sus ideas.

Lo triste es que, seguro, siempre debe esperar más (después de cafés o repentinas); llevársela a casa, justo ahora, mamá va al médico y no está. Y ella también, seguro, espera más (tomando el café y en horas de escuela); llegar a casa, ver a su novio, echarse un buen polvo, y hacer la siesta sin más.

Y el novio, ese novio que muestra en las fotos, el que está presente siempre en los dibujos y en cada trabajo en el que puede exponerno incluso desnudo, desaparece a la hora de las miradas fijas hacia el ñoño de pelo largo que se deja distraer en clase mientras ella aprende preguntándole, al fin que él se desvive por contestarle, y poco importa; cambia de lado su pelo y ya está.

Por todo esto digo que los veo y prefiero muchas veces no ver. Pero huele a que eso pasa. Vamos, que apesta. Y debo admitir que de escoger bandos estoy mucho más del lado de ella, pero es casi inevitable el sentimiento hacia el pobre hombre apostando a que hoy es el día, que hoy se atreve y que gana, que no habrá un olor a sábanas nuevas sino una rubia en su cama, porque al fin y al cabo él es un rockstar (aunque eso no se vea bajo su pijama de dos piezas).

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