Falacias, punto.

Nunca nos engañan, nos engañamos a nosotros mismos.

Johann Wolfgang Von Goethe

_

En el sueño no podía explicarme por qué por dentro me estaba matando el calor que mata a los que sienten y al mismo tiempo sentía el asco que genera desde el vientre el sabor de un orgullo aplastado, el orgullo hecho un pedazo de carne golpeado sobre un trozo de madera.

_

Y te decía que te quería (y me dolía).

Entre sollozos y palabras cortadas

por el llanto quería expresarme y no podía.

Si tratabas de decir algo te interrumpía.

Tu tiempo había pasado.

Era mi turno, y no podía.

_

Y aquí estoy. Escribiendo. Un tipo con una máquina para escribir, una hoja blanca, y una mala anécdota. Muy romántico en imagen pero tan patético como una resaca de domingo y el mal aliento al despertar.

Tengo rabia. Así de simple. Rabia pero también placer. Lo primero por haberte creído, lo segundo porque me siento la víctima. He aprendido. Por conveniencia. Yo también sé cómo poner una pomada que, aunque no funciona para el dolor, crea la ilusión de un alivio. Me arriesgué sólo un poco porque no soy tan valiente, pero fue suficiente para haber podido conocerte, toparme con pared, y en lugar de buscar otra puerta decidí irme directo a la salida.

Creo firmemente que la persona que no tiene los pantalones para decir lo que siente en el momento que lo siente, miente. Simple y sencillamente porque busca palabras que no son las que quiere decir. Así de fácil. Miente igual que la que quiere hacerse una imagen ante los demás que no es la propia. Y esa no es la clase de persona que quiero a mi lado. Ni siquiera en familia convivo con ese tipo de seres aunque en sueños o pesadillas me vea obligado a hacerlo. Esa gente estorba, y su insistencia en formar parte de nuestro camino a veces evita que disfrutemos de personas que pudimos haber conocido mejor si no hubiéramos puesto atención a sus enredos.

Esa gente logra irse de mi boca, se va de mis ojos. No sé cómo pero ha llegado a pasar. Lo que tarda una pomada en absorberse por mi piel requiere más tiempo que decretar el destierro de alguien en mi pecho. Y podrá aparecer en mis sueños, pero ningún camino les regresa aquí. Ni en las fotos veo lo mismo que veía, ni paso saliva del mismo modo al pensarles. Es (más que un alivio de fármaco) como tener una varita mágica o un punto final. Y sobre el punto final sí que tenemos poder cuando hay una mala anécdota, una hoja en blanco, y una máquina para escribir.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: