Otra vez…

Ahora que creía que estaba curado, ahí están las ganas de correr y no son simplemente un antojo. Sus ganas de acelerar son insaciables, son de cambio, de dinamismo. Son ganas de más y más pero nunca de lo mismo. Patología, tontería, indecisión, volubilidad; digámosle como sea. Han regresado.

Cada medio lustro aproximadamente le dan ganas de dejar el cuarto en el que está e irse entre trotando y corriendo (sin rumbo) para ver hasta dónde sería capaz de llegar por el mero placer de ver qué hay allá, aunque la vida muestre que sigue siendo la misma y no hay otra más así corra o se quede sin un paso dar. Esas ganas siempre vuelven. Vienen y van. Suena dramático pero siente que sería de lo más vigorizador dejar la habitación con la luz y la televisión encendidas, la puerta de la entrada abierta, bajar las escaleras a la calle y correr, siempre correr, nunca caminar, sin tiempo para apreciar el paisaje. Siente que hay que correr como quien huye, como quien necesita alcanzar algo más, como quien siente que se ahoga y tiene que ejercer una primera acción. Con ese frenesí exactamente.

Así, de prisa, sin pensar. Piensa que si sale descalzo, ¡pobre de él! Sus pies que parecen de una nena seguro estarían llenos de cortadas con la primera parte de lo que pudiera ser su camino. Pero seguiría. Está seguro. Tal vez volvería la mirada sus pies una o dos veces para ver si todavía siguen consigo o decidieron abandonarle, para ver si no le quedan muñones como recuerdo de su libertad, pero seguro continuaría, con el sol de lado, de frente, o de espaldas, poco importaría porque iría sonriente. No sonriente de cara pero sí de pecho, de circulación, de oxígeno en el cuerpo.

La casa abierta detrás, la habitación desordenada y esa luz vibrante por culpa de un foco de poca calidad, insignificantes serían ahora porque ya no serían suyos, como no lo son el suelo ni el sol, ni el sentimiento por calmar que lo impulsa a todo eso. Ya nada sería más vital y propio que seguir andando. La necesidad existe nuevamente y le eriza la piel casi cada treinta meses. Eso mismo pasa hoy. Sabe que volverá si no la obedece y que seguiría por siempre si se decidiera a emprender la carrera. Pero por ahora no. Por ahora se queda. Sentado nada más.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: