Archive for abril, 2011

27 abril, 2011

Ego de zombi. *

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Seguro estoy de que para muchos he muerto. Y cuando digo muchos en realidad no es tanta gente pero, para este corazón que le gusta pecar de pesaroso, son suficientes para hablar de dramas, dolores, desamores, dientes apretados por coraje y hasta urticaria cuando se escuchan sus nombres (cosas de vivos, ya saben).

No tengo lápida pero sí están mis restos. Aquí estoy. Vivo. Merodeando en el mismo mundo, la misma vida, los mismos aires. Y para ser franco, me divierte el juego a lo grande.

Porque yo no mato gente, sólo me nutro con pedazos de cada ser. No acabo con nadie. Mucho menos en la memoria. Sería borrar tres años de primaria y los últimos dos de universidad; estúpido e imposible. Sin embargo, sé que la gente presume del poder borrarnos, como si enterrar a alguien en un parque o dejar un cuerpo en la cajuela de un coche fueran las cosas más sencillas y normales, lo que cualquiera que vive y siente hace. Y presunciones así me hacen pensar que, a mí, seguro ya me han visto envuelto en cal, o he desaparecido en los retratos de grupo. Tal vez “nunca” me quedé hasta la mañana en su cama, tal vez desaparecí entre las sábanas, y mejor aún: tal vez jamás hice daño. Seguro mi nombre despierta sólo comentarios buenos por mera pena, casi lástima, porque me prefieren muerto, y sobre cadáveres no se habla mal. Y me gusta.

Me gusta ser el fantasma. El alma en “pena”. Porque así existo entre los muros, cruzo mares y calles hasta llegar a sus vidas, otra vez, como una hoja que cae o como una sombra que husmea. Tengo más poder que estando vivo y en sus vidas. Sigo ahí, vigente aunque no quieran, haciendo ruido en la duela, en los techos de madera, y sabiendo a una paleta de vainilla, a un tinto en el verano, a una hamburguesa barata, un trago de whisky o de cerveza de barra. Ahí estoy, vivo. En la anécdota de cama, en la de calle, entre la fama de lo que algún día fui y lo que me he convertido. Y en esos casos haber muerto es mucho mejor que habernos quedado en esas vidas. Yo me quedo con la mía y sólo con la mía. Suficientemente tenemos ya como para andar cargando con muertos.

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* (El post de la semana en “las domingueras“.) Tema: Zombis.

27 abril, 2011

Entre ayer y hoy…

Antes de abrir los ojos recordé su voz. Era como haberme despertado en esa época. Mi padre cantando en mi cuarto y arreglando sus cosas para irse al trabajo, y yo, despertando con su voz y mi mente de adolescente que agradecía el despertar tan pasivo y al mismo tiempo se quejaba de la canción escuchada una y otra vez por tantos años.

Seguro ya me había dado la bendición pero, tan somnoliento como un púber en crecimiento, sólo logré responder y oír su voz sin percatarme de lo que pasaba. Poco importaba, según yo.

Mi mente se quejaba de lo que era despertar de ese sueño tan pesado y delicioso a la vez mientras los planes volvían a ser los mismos; tan agobiantes entonces y tan risibles ahora: “¿qué me voy a poner?, ¡qué pereza llegar a la ducha!, seguro Amaranta ya está subiéndose a su carro y seguro mi ‘crush’ va a llegar hoy a clases con esa pulcritud y magnificencia que le caracteriza. Pero, ¿qué me voy a poner?, ¿cómo le hace mi papá para levantarse tan de buen humor todos los días si la vida se presenta tan monótona? Ojalá nos den prórroga para entregar la tarea más tarde“. Y así seguía…

Pues a bañarse y a desayunar.

Y ahora recuerdo que hasta el ir en carro todo “amodorrado” era la cosa más deliciosa que había en  mis mañanas. Y luego la brisa, la bahía, los amigos.

Todo esto, simplemente con haberme despertado con la voz de mi padre. Tan delicioso despertar que me hizo sentirme más joven y amar este cuarto que no es el mismo, es uno muy lejos en la distancia y el tiempo: a dos mares y más de diez años después.

20 abril, 2011

Falacias, punto.

Nunca nos engañan, nos engañamos a nosotros mismos.

Johann Wolfgang Von Goethe

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En el sueño no podía explicarme por qué por dentro me estaba matando el calor que mata a los que sienten y al mismo tiempo sentía el asco que genera desde el vientre el sabor de un orgullo aplastado, el orgullo hecho un pedazo de carne golpeado sobre un trozo de madera.

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Y te decía que te quería (y me dolía).

Entre sollozos y palabras cortadas

por el llanto quería expresarme y no podía.

Si tratabas de decir algo te interrumpía.

Tu tiempo había pasado.

Era mi turno, y no podía.

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Y aquí estoy. Escribiendo. Un tipo con una máquina para escribir, una hoja blanca, y una mala anécdota. Muy romántico en imagen pero tan patético como una resaca de domingo y el mal aliento al despertar.

Tengo rabia. Así de simple. Rabia pero también placer. Lo primero por haberte creído, lo segundo porque me siento la víctima. He aprendido. Por conveniencia. Yo también sé cómo poner una pomada que, aunque no funciona para el dolor, crea la ilusión de un alivio. Me arriesgué sólo un poco porque no soy tan valiente, pero fue suficiente para haber podido conocerte, toparme con pared, y en lugar de buscar otra puerta decidí irme directo a la salida.

Creo firmemente que la persona que no tiene los pantalones para decir lo que siente en el momento que lo siente, miente. Simple y sencillamente porque busca palabras que no son las que quiere decir. Así de fácil. Miente igual que la que quiere hacerse una imagen ante los demás que no es la propia. Y esa no es la clase de persona que quiero a mi lado. Ni siquiera en familia convivo con ese tipo de seres aunque en sueños o pesadillas me vea obligado a hacerlo. Esa gente estorba, y su insistencia en formar parte de nuestro camino a veces evita que disfrutemos de personas que pudimos haber conocido mejor si no hubiéramos puesto atención a sus enredos.

Esa gente logra irse de mi boca, se va de mis ojos. No sé cómo pero ha llegado a pasar. Lo que tarda una pomada en absorberse por mi piel requiere más tiempo que decretar el destierro de alguien en mi pecho. Y podrá aparecer en mis sueños, pero ningún camino les regresa aquí. Ni en las fotos veo lo mismo que veía, ni paso saliva del mismo modo al pensarles. Es (más que un alivio de fármaco) como tener una varita mágica o un punto final. Y sobre el punto final sí que tenemos poder cuando hay una mala anécdota, una hoja en blanco, y una máquina para escribir.


20 abril, 2011

Otra vez…

Ahora que creía que estaba curado, ahí están las ganas de correr y no son simplemente un antojo. Sus ganas de acelerar son insaciables, son de cambio, de dinamismo. Son ganas de más y más pero nunca de lo mismo. Patología, tontería, indecisión, volubilidad; digámosle como sea. Han regresado.

Cada medio lustro aproximadamente le dan ganas de dejar el cuarto en el que está e irse entre trotando y corriendo (sin rumbo) para ver hasta dónde sería capaz de llegar por el mero placer de ver qué hay allá, aunque la vida muestre que sigue siendo la misma y no hay otra más así corra o se quede sin un paso dar. Esas ganas siempre vuelven. Vienen y van. Suena dramático pero siente que sería de lo más vigorizador dejar la habitación con la luz y la televisión encendidas, la puerta de la entrada abierta, bajar las escaleras a la calle y correr, siempre correr, nunca caminar, sin tiempo para apreciar el paisaje. Siente que hay que correr como quien huye, como quien necesita alcanzar algo más, como quien siente que se ahoga y tiene que ejercer una primera acción. Con ese frenesí exactamente.

Así, de prisa, sin pensar. Piensa que si sale descalzo, ¡pobre de él! Sus pies que parecen de una nena seguro estarían llenos de cortadas con la primera parte de lo que pudiera ser su camino. Pero seguiría. Está seguro. Tal vez volvería la mirada sus pies una o dos veces para ver si todavía siguen consigo o decidieron abandonarle, para ver si no le quedan muñones como recuerdo de su libertad, pero seguro continuaría, con el sol de lado, de frente, o de espaldas, poco importaría porque iría sonriente. No sonriente de cara pero sí de pecho, de circulación, de oxígeno en el cuerpo.

La casa abierta detrás, la habitación desordenada y esa luz vibrante por culpa de un foco de poca calidad, insignificantes serían ahora porque ya no serían suyos, como no lo son el suelo ni el sol, ni el sentimiento por calmar que lo impulsa a todo eso. Ya nada sería más vital y propio que seguir andando. La necesidad existe nuevamente y le eriza la piel casi cada treinta meses. Eso mismo pasa hoy. Sabe que volverá si no la obedece y que seguiría por siempre si se decidiera a emprender la carrera. Pero por ahora no. Por ahora se queda. Sentado nada más.

19 abril, 2011

De fama y papel de baño. *

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Sentado en el retrete, Pablo, a través de la pared justo detrás de él, escucha la conversación de lo que parece ser su vieja vecina con alguien más al teléfono:

– Le decimos algo, que íbamos al centro, o alguna cosa y ya está. No pasa nada ya verás.

» Yo qué sé, no tengo idea de quién pueda haberle dicho. Pero vamos, que no queda más que callarnos, ¡hacernos las locas, mujer!, o cambiar las cosas a nuestra versión de los hechos.

» Le podemos decir cualquier cosa. ¡Si no estaba ahí! Lo único que hay que asegurar es que no quedemos mal. Hay que deshacer por todos los medios esa opinión que pudimos apoyar pero que simplemente no ha salido de nuestras bocas. Y eso sí, nadie se puede enterar. Quiero decir, nadie más. Tres éramos suficientes, pero una boca más no es fácil de hacer cómplice. Y si se exageran las cosas como es costumbre, ¡madre mía, la que se arma! No, no. Es más fácil callar una boca que hacerla cómplice.”

Pablo centra tal atención en abrir los oídos para seguir escuchando a la voz que parece alejarse o cambiar de habitación que se olvida de que tiene el pantalón y la trusa a la altura de los tobillos y la piel desnuda en la porcelana.

Con el oído un poco hacia la pared, oye nuevamente la cercanía de la voz y regresa a su pose inicial de oyente animal, reflexivo, con los brazos sobre las piernas.

– Bueno, y ella dónde está? Ah, que se ha ido de vacaciones? Mira nada más. Aquí todo el mundo hablando de ella y ni siquiera está para darse cuenta de lo que nosotras tenemos que hacer ni de la carga que tenemos para limpiar lo que se diga de ella simplemente conocerla.

»En cuanto llegue de la playa la invitamos aquí a casa a tomar un café, le explicamos, y vas a ver como de…”

La voz se vuelve a perder tanto tiempo como para que Pablo se dé cuenta de que su piel sigue cara a cara con el excusado.

Mientras se lava las manos, una vez con los pantalones puestos, recuerda el papel que ha usado dando vueltas dentro del sanitario antes de bajar la tapa. Piensa que lo mismo le da lo que alguien pudiera decir de él que lo que se va por el wáter aunque el pensamiento lo traicione y, muy a su pesar, le preocupa un poco más de lo que cree: “Como si no hubiera cosas más importantes por hacer, también “tenemos” que preocuparnos por lo que dicen de nosotros. Yo me piro a la calle a coger algo de sol y a agradecer que esa vieja loca no me la topo ni en el ascensor. Ya me imagino si hubiera sido ella la que me viera llegar borracho hace unos meses besando a Julio en las escaleras. Seguramente ella y toda la junta de vecinos….”

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* (Tercer post -y contando- para “las domingueras“.) Tema: Reputación.
19 abril, 2011

Némesis. *

_ 121 INT. – HABITACIÓN DE JAVIER – DÍA

Se oye la voz de JAVIER mientras DIFERENTES TOMAS  muestran el pasado inmediato y presente en la reflexión que él tiene dentro de la habitación; el caminar en ella, ver hacia a la calle, ademanes de desesperación, verse al espejo, su posición final en el rincón, etc.

JAVIER (OFF)

    (nevioso, reflexivo)

La conozco casi tanto como ella a mí y no sería novedad que se acercara a mi puerta.  Esta certeza tan grande me gustaría que fuera un vigor capaz de evitar su regreso. No me dejará en paz. Hasta en la más pura soledad seguro estoy de que ahí está, deambulando siempre cerca, esperando en el silencio.

Me siento peor que un niño en la oscuridad de este rincón; de cunclillas, con los ojos cerrados y la cara oculta entre las rodillas. Como si cerrar los ojos evitara que pasaran cosas. Seguro estoy de que, al abrirlos llega aunque no quiera.

Mi preocupación ha cansado hasta a mis pies. Casi hago surcos en el suelo encerrado entre estas cuatro paredes. He llegado incluso a prohibirme pensar. No puedo más. No quiero. Me persigue, me agobia. Pero le echo también de menos. Entre el rechinar los dientes y el desearle, nuestra relación es tan visceral como necesaria. Si soy feliz no me deja serlo absolutamente; me lastima, me hace padecer, y si soy desgraciado hace aún más grande mi pesar colgándome un dije de esperanza o dándome sorbos de algún efímero placer.

                                                                          —-pausa—-

Tengo que acabar con esto. Pero, ¿cómo me deshago de ella? ¿Cómo logro calmar mi mente sabiendo que no existe esa absoluta paz que deseo? ¿Por qué demonios no pueo solamente ser feliz? No pido más. Ni millonario, ni infeliz con optimismo, ni poderoso. Ni siquiera un vengativo exitoso. Sólo feliz. ¿Será posible? ¿Puedo? …

¿Y si llega antes de que tome una desición?

122 EXT./INT. – MUJER SALE DE CASA – DIA

Se mezclan tomas de una mujer (MUJER1) a la que nunca se le ve el rostro. Se arregla en su casa para salir de su apartamento, tomar un taxi y llegar a un edificio.

123 INT. – HABITACIÓN DE JAVIER – DÍA

Javier levanta la cabeza con los ojos abiertos. Desde el rincón mira hacia la puerta  y sólo se oye su aliento con sorpresa.

124 INT. – PASILLO EXTERIOR A LA HABITACIÓN DE JAVI – DÍA

Se ven las piernas de MUJER1 con zapatos de tacón avanzar hasta llegar a la puerta de la habitación y mantenerse frente a ella.

JAVIER (OFF)

(susurra)

Está ahí afuera.

(pausa)

125 INT. – HABITACIÓN DE JAVIER – DÍA

Javier oculta nuevamente la cara abrazado a sus piernas en el rincón.

JAVIER (OFF)(CONT’D)

No pienso abrir. Cuando quiera entrar estará aquí.

—- CORTE A NEGRO —-

_ * (Mi post de segunda semana en Palabras Domingueras.) Tema: Némesis.

19 abril, 2011

Dictamen por Omisión. *

Le preguntaron al hombre con más escepticismo al amor su opinión sobre los amores platónicos. Se sentía como un agnóstico o un ateo teniendo que hablar sobre Dios y, aunque activista de la libertad de elección, cuestiona y critica a quienes hablan de ellos como si fueran algo palpable, algo físico, o algo “real” mientras hace un ademán de comillas con las manos. Con la poca fe que pueda tener un corazón roto más de tres veces, define los amores platónicos tan atractivos como un lugar paradisiaco para ir de vacaciones sin boleto de regreso, sin gastar un solo peso, sin jugar ni perder tiempo (o perderlo todo sin verlo). Casi como un lugar abierto seguro para el agorafóbico, una utopía, una falacia.

Yo no tengo amores platónicos. Me parece imposible pensar en alimentarse de pura ilusión. Que las pupilas se dilaten y el corazón vaya más rápido es posible, pero amor amor, lo que se dice amor… por qué no mejor cambiar el concepto por mero deseo, o por el efecto de tres copas de ginebra bien cargadas.”

A aquellos que crean ciegamente en el amor, les felicita. Les admira. Pero no comparte la opinión de aquellos a los que les gusta coleccionar ilusiones en frascos de cristal. Mucho menos si no hay contacto.

Es como soñar, despertar, y querer seguir en el sueño sin aceptar que ya ha amanecido. No ver la realidad”. “Sinceramente, hace mucho tiempo he dejado de creer en el amor, en la terquedad del ser humano por estar siempre con alguien, en la posibilidad de tener a quien uno quiera o a quien el corazón escoja a nuestro lado. Y para serles completamente franco, tampoco soy asiduo a Platón. Pero gracias por preguntar.” _

 

* (Mi primer post para Palabras Domingueras. Gracias a Kar y Am por invitarme a participar.) Tema: Amores Platónicos.